Carta de unx Practicante Profesional a la directiva de la Cárcel de Valparaíso

Nota: Esta corresponde a una carta enviada por unx estudiante en practica de psicología a lxs altos mandos de la Cárcel de Valparaiso, lugar donde ella se desenvolvía organizando distintos talleres para lxs internxs del penal.

Tras envíar esta carta, el / ella se vio obligadx a dejar de realizar su practica en aquel lugar, puesto que según la directiva del penal tenía una postura marcadamente “Pro Internx”, lo cual resulta inaceptable en un centro de exterminio.

Si bien, no compartimos completamente su contenido, creemos que esta es un aporte para la reflexión respecto al funcionamiento de la sociedad carcelaria, y consideramos que el mismo hecho que allá sido expulsada a raíz de esta, denota elementos que son invisibilizados en la gran mayoría de los análisis anti carcelarios, respecto a la situación vivida por aquellxs profesionales, que desde la buena fé, y con el animo de mejorar las cosas desde adentro, se desenvuelven en estos centros.

comedor

(Dibujo realizado por un ex preso político del comedor de la Cárcel de Alta Seguridad) 

El día lunes recién pasado, se suma una nueva muerte en el complejo penitenciario de Valparaíso. Nada muy nuevo y, como siempre, tampoco se hace algo que no tenga que ver con temáticas de seguridad: se manda a celda de castigo a quienes han participado en la riña, se allana —revienta— el módulo y el encierro se adelanta a las 13:00 hrs.

Al día siguiente, luego de 20 horas de encierro —en las condiciones que ya sabemos—, se abren las piezas y comienza el día. En los talleres psicosociales y demás actividades se intenta enfrentar el estrés y malestar de los internos. Digo «se intenta» porque desde el área técnica no hay protocolos establecidos de intervención en crisis ni nada por el estilo.

«Anda el diablo ahí dentro, señorita», es la manera que tienen algunos para explicar lo que sucede. Al mismo tiempo, revientan de nuevo el módulo y más de uno da las gracias porque los fueron a buscar antes. La contención es mínima por la razón ya mencionada. Un simple «¿cómo se sienten?», ya implica validar la posibilidad de que se vean afectados por las experiencias que viven y legitimar que eso tenga ciertas consecuencias. Pero dentro de la cárcel «esas cosas pasan» y la naturalización de la violencia y la miseria no encuentran límites.

Dos días después de la muerte de una persona el «psicoseo» toma cuerpo y la lucha se desata; no en uno, sino en más módulos. De uno a otro se lanzan estoques y armas para fortalecer los focos de riña y los funcionarios se ven sobrepasados. Muere otro —al que anteriormente se le había negado una solicitud de cambio de módulo por amenaza de muerte—. Lxs profesionales se van a resguardar a las oficinas del área técnica y llegan refuerzos de otras unidades, incluso de Santiago, con perros y escudos. En la noche, trasladan a casi 30 personas a otras unidades del país: Valdivia, Bío-Bío, La Serena, entre otras.

En la mañana de hoy el silencio impera y lxs profesionales se limitan a llamar por teléfono a las personas indicadas para avisar que su familiar está, en ese momento, a más de 6 horas de la ciudad y que, claro, pueden ir al complejo a buscar sus pertenencias cuando lo deseen.

«Les sacamos la chucha», dice un funcionario. «Por eso no hay ni ruido», comenta una profesional.

No es la primera vez que algo así ocurre ni es lo más grave. Por mientras, se apela incansablemente a la «tolerancia cero» que prometen los gobiernos —mano dura que, sabemos bien, sólo aplica para un segmento específico—. Que metan más personas en las cárceles y que ojalá no salgan.

Por su parte, los gendarmes siguen exponiéndose a condiciones laborales deplorables y recibiendo sueldos de hambre sin que a alguien le importe siquiera un poco.

La reinserción social sigue siendo un chiste de mal gusto, cuyos profesionales a cargo se encuentran subordinados a una institución que nada tiene que ver con los objetivos que las disciplinas implicadas se proponen. Que se garanticen derechos sociales, eso necesitamos. Dignidad, más allá de llenarnos la boca hablando de la necesidad de derechos humanos en estos contextos.

Porque sí, al ingresar a la cárcel el estatuto humano se anula, pero a las personas se las está maltratando y burlando desde mucho antes y desde muchos otros lugares.

Más cárceles, más castigo y más control no van a detener nada, y a lxs miserables se les va seguir haciendo miserables, cada vez más. Sépanlo.

Noviembre, 2014. Valparaíso

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